A quienes encuentren mi barco hundido...

"Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae."
(Drácula)

sábado, 10 de julio de 2010

Observo (parte 4): La historia de siempre

Son días de alegría para el deporte español. Mañana, nuestro equipo jugará la gran final contra Holanda. Como la mayoría de mis amigos, he vivido pocos mundiales, pues no tengo (todavía) edad para recordar demasiados partidos, pero los que he podido disfrutar, lo he hecho con toda mi energía, siguiendo la tradición futbolera que me viene de familia y de la que he renegado, dejando de seguir los partidos nacionales, pero manteniéndome fiel a la Selección Española y animándola frente al resto del mundo.

No soy una forofa de los deportes, pero los disfruto. No me gusta todo el negocio que conllevan, las enormes cantidades de dinero que circulan con la compraventa de jugadores o de equipamientos, ni el hecho de que un gol llene portadas de periódicos y dé inicio a los informativos, dejando un pequeño espacio para noticias infinitamente más importantes. Me da rabia pensar en la cantidad de personas que se movilizan para animar a un equipo en lugar de unirse para defender los derechos que dicen reclamar, y río irónica al descubrir que estos días no existe la crisis. Pero la verdad es que sin pequeñas grandes alegrías como esta, nos volveríamos locos. Valoro la alegría que se respira, el hecho de que compartamos temas más alegres que nuestra constante indignación por numerosos aspectos de nuestra sociedad. Y también valoro que estos días podamos lucir nuestra bandera con orgullo.

Pienso que una bandera es un trozo de tela. Un símbolo que vale lo que nosotros queramos que valga y por el que no se debería morir ni matar. Pero sé lo que es defender algo que valoras, en lo que crees, y que te ayuda a mantenerte en pie en unas circunstancias determinadas. Y necesitamos banderas, sean de países o de la causa que deseemos simbolizar. Porque una bandera nos recuerda muchas cosas que conviene tener presentes, sea de donde vengamos o lo que queremos representar. Pero se me ha enseñado que llevar la bandera de España significa seguir anclado al franquismo, y por ello, no puedes llevarla sin que recaiga sobre ti ese estigma.

No tengo necesidad de reivindicar de dónde vengo, pero, ¿por qué no puedo sentirme orgullosa de ser española? ¿Por qué hemos de valorar más lo que viene de otros países en lugar de darnos cuenta de lo que nosotros tenemos? ¿Por qué estos días, en los que animamos a nuestro país en el deporte, todavía hay personas que se escandalizan al ver tantas banderas españolas juntas?

Pienso que no estamos haciendo daño a nadie, y que no debemos seguir negándonos siempre el derecho a enorgullecernos, por una vez, de los logros de España, aunque sean en un terreno aparentemente banal como es el deporte.

Siento la flojera de esta entrada, pero necesitaba expresarlo sin andarme con rodeos.

3 comentarios:

Enogad dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, una bandera es un trozo de tela sin importancia, pero el simbolismo que representa es importante, o al menos debería de serlo. Nuestro principal problema es que le hemos dado un simbolismo a nuestra bandera el cual no nos gusta y por eso la rechazamos, y cosas como el deporte nos pueden ayudar a cambiar ese simbolismo.
España no deja nunca de demostrar que es una cuando tiene que serlo, que se une incondicionalmente para luchar por lo que verdaderamente desea y para apoyar a los suyos. Es lo típico de "con los españoles solo nos podemos meter nosotros mismos" XD.

Lorenzo dijo...

Creo que Enogad ha dado en la clave: el simbolismo. El concepto de unidad bajo unos símbolos en España, tal y como ocurre en otros países, quedó truncado por la politización y bifurcación.

No me voy a poner a hablar del fin del período liberal ni nada de eso, que supondría un tostón bastante mediocre -sobretodo porque habrá más gente que pudiera explicarlo mucho mejor-, pero lo cierto es que ante esa ruptura provocada por la derecha de principios de siglo (al rechazar a la matrona, que acabó reconvertida y reutilizada como símbolo de la República), la derecha y la izquierda se quedaron con unos símbolos diferenciados. La culpa de esa desnacionalización se encontraría en el derecha y en la política franquista, que ha impedido la recuperación de los símbolos unitarios. Ese proceso de identificación de símbolos como la bandera bicolor con el franquismo puede resultar ciertamente irreversible.

Precisamente, el deporte, no sólo el fútbol, sí que colabora a que, de una forma que se podrá llamar más o menos frívola, a unificar a la población. Por eso, tiene tanta fuerza el himno y la identificación con la camiseta roja: es un símbolo de nuevo cuño, despolitizado, en el que tienen cabida todos, y sin ningún tipo de connotación.

Y todo esto viene de alguien que no cree precisamente en ningún tipo de nacionalismo ni en banderas. Creo que es positiva el reencuentro y reimaginación de símbolos que sean adaptables y representativos para todos.

Perdón por la parrafada, es que este tema me resulta muy interesante...

Lorenzo dijo...

Perdón, no sé si se ha entendido bien: con lo de "tiene tanta fuerza el himno y la identificación con la camiseta roja", me refiero al himno recién creado de "Todos con la roja", no al himno nacional (que ni fu ni fa).

En resumidas cuentas, lo que quiero decir con mi comentario es que el deporte parece actualmente el único verdaderamente capaz de crear unos símbolos de representación general totalmente válidos y con valor más allá de lo político y de unir a todos.

Era un comentario tan largo que tenía que haber cosas mal explicadas...