(Imagen extraída de: http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRmLdJT_4FqM8MVi5wPhcJfkNU_AUo4CmOgUCEMsIraSXbEhODJFEIoO2kFLA)
Siempre he estado delgada y, como además soy corta de estatura, parece que se nota un poco menos. Pero durante mi adolescencia tuve una época de gran estrés y bajé de peso aceleradamente, de forma que hasta la talla 34 me quedaba grande. Como podéis imaginar, mi salud empeoró, tenía un aspecto enfermizo y mis brazos se podían abarcar casi con una mano a pesar de que siempre he sido más bien fibrosa. Por eso, en cuanto pude tomarme las cosas con un poquito más de calma, procuré forzarme a comer más de medio plato a mediodía hasta que pude recuperarme un poco.
A día de hoy, con eso de que estoy quietecita y que me ha dado por comer, veo como varios pantalones me quedan algo apretados y como, salvo por mi tendencia a coger resfriados, gozo de mejor salud, más vitalidad y tengo mejor cara. De alguna forma padecí una anorexia temporal, entendiendo por anorexia la pérdida de apetito ligada, en mi caso, a factores nerviosos. Una anorexia no es nada extraño, como desgraciadamente tampoco lo es la anorexia nerviosa que muchos jóvenes padecen.
La anorexia nerviosa es lo que lleva a estados de delgadez extrema, en ciertos casos mortal, a montones de chicas y chicos que son incapaces de sentirse a gusto consigo mismos. Se trata de un grave problema de autoestima que afecta fundamentalmente a adolescentes, pero no sólo a ellos; hay adultos que no se libran de él, y desde luego el canon de belleza promovido por las líneas de moda no ayuda a paliarlo.
Vivimos en una sociedad supuestamente desarrollada de la que nos encanta presumir. Una sociedad en la que se señala a personas con menos recursos (a las que, por supuesto, no se ayuda tanto como se podría) y su aspecto famélico nos parece síntoma de enfermedad; pero permitimos que los diseñadores de moda dicten cómo hemos de vestirnos para lucir guapos, y cómo hemos de ser físicamente. Es curioso que el aspecto de la mujer perfecta diste tanto de una mujer saludable y con curvas. Afortunadamente, con los años hemos visto cómo cada vez hay más campañas que reivindican la belleza de una mujer sana, pero todavía vemos a las modelos anoréxicas desfilando... Y aún peor, todavía vemos esas tallas minúsculas. Esos pantalones talla 38 que en realidad son una 36. Esos pantalones talla 40 que las dependientas muestran a las clientas como si se tratara de una talla grande.
A todas esas chicas que sacrifican su salud para sentirse guapas, le diría que la salud es lo último que se arriesga... Porque sólo estando vivas y sanas podrán disfrutar y darse cuenta de lo bonitas que son. Todas y cada una de ellas.