A quienes encuentren mi barco hundido...

"Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae."
(Drácula)

sábado, 14 de junio de 2008

Miro (parte 2): Érase una vez en Territorio Comanche



Érase una vez en Territorio Comanche

¡Puf! Es lo único que se me ocurre decir después de todo este tiempo sin actualizar. Llevo días intentándolo, pero no hay manera. Se me ocurren muchos temas de los que hablar y ninguno me convence para dedicarle una entrada, porque me parece que he escrito sobre ellos hasta la saciedad, o que en general los tenemos todos hasta en la sopa y no merece la pena volver sobre las mismas cosas de todos los días...

Cuando empecé con el blog, y concretamente con su primera parte, ya sabía que actualizaría de forma irregular (o como comúnmente se dice, de uvas a peras). Hay muchas razones que nos impiden escribir un blog diariamente, como la falta de tiempo, algo que a mí me persigue hasta en vacaciones porque constantemente estoy haciendo cosas. Luego está la inspiración, que viene y va y tienes que estar alerta para cazarla cuando aparece. Aparte, el hecho de que este blog siga una estructura y una temática alejada de una crónica diaria de mis andanzas, me restringe bastante. Reconozco que soy muy exigente con este blog, pero sé por experiencia que mis blogs suelen convertirse en un cajón desastre, y este proyecto empezó como una idea más seria y ordenada, así que intento que siga en su línea (cosa que me está costando horrores).

La verdad es que me apetecía escribir una entrada menos profunda (que estamos de vacaciones, hay que dejar descansar a la mente), así que os voy a contar una pequeña historia.

Hace unos meses, me compré un libro tras el que llevaba un tiempo: Territorio Comanche, de Arturo Pérez-Reverte. Es un libro muy breve, de los que podrías leer en media hora perfectamente. Sin embargo, me ha llevado días acabarlo. Últimamente me cuesta un poco más leer, porque durante el curso he perdido la bonita costumbre que tan arraigada tenía de acostarme y ponerme a leer hasta quedarme dormida con el libro en la cara... pero no me costó acabarlo por eso. Ni porque no me gustara. Al contrario: es un libro para recordar, entre otras cosas porque no te puedes quedar indiferente tras su lectura. Un libro que no te deja que lo olvides. Pero es un libro duro desde la primera página, porque sin que nadie te lo diga, sin necesidad de leer una sinopsis, sabes que lo que vas a leer es la crónica de alguien que estuvo allí.

Mi intención no es hacerle propaganda al libro. No voy a deciros: "leedlo, porque es impresionante, lo mejor que he leído en mi vida, un libro que me ha conquistado"... os lo recomiendo si no lo habéis leído, pero tened en cuenta en todo momento que está contado desde un punto de vista subjetivo, por lo que quizá haya cosas que no os gusten. Puede que ni siquiera os guste el escritor. Eso ya es cosa vuestra, el caso es que el libro me hizo pensar en algo, y es que
en algún momento, me planteé ser periodista, estando todavía a medias de la ESO. Igual que pensé en periodismo, pensé en ser dibujante de cómics, vamos, que no me veía con vocación, pero pasé unos meses pensando en cómo sería mi vida como periodista. Antes de pensar en que estaría comiéndome los mocos hasta encontrar trabajo, me vi como columnista en algún periódico de tirada nacional, porque siempre he sido de apuntar alto. Hasta ahí, no pintaba mal la cosa, pero me vi de reportera de guerra. Reconozco que la idea me infundió respeto. También cierta admiración. Finalmente, pensé en el oportunismo de los periodistas, me enfadé y se acabó el prometedor futuro como periodista que llevaba fraguando en mi mente durante ese tiempo.

Pensé en los corresponsales de guerra y en su trabajo. A veces nos enfadamos cuando se recrean en mostrarnos la crueldad de la guerra, siempre de forma subjetiva, según las exigencias de la cadena de televisión, por el uso partidista que le damos a todo. Nos escandalizamos cuando leemos o vemos El americano impasible o cuando escuchamos anécdotas sobre los periodistas, lanzándose como buitres sobre los cadáveres y sobre los llantos. Pero también pensé en la sangre fría que hay que tener para ir a ver pasar las balas por delante de ti. Y todo para que tus jefes tengan la exclusiva.

Desde luego, una cosa no quita la otra, pero algo hay que tener para ser corresponsal de guerra. Algo hay que tener para meterse en la boca del lobo, en el campo de batalla, en "territorio comanche". Y no creo que lo tenga cualquiera.

domingo, 25 de mayo de 2008

Observo (parte 1): Egoísmo


Egoísmo

egoísmo.

(Del lat. ego, yo, e -ismo).

1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.


(Fuente: Real Academia de la Lengua Española)


Hace unas semanas hablaba con un amigo de si desear que tus seres queridos sean felices es egoísta o no.
Somos animales sociales. Interaccionamos con nuestros congéneres y podemos llegar a crear lazos de amistad y familiaridad. Apreciamos a otros y queremos que estén bien, que se sientan a gusto. ¿Por qué? Lo más sencillo es responder: porque los amamos. Pero consideremos que a nosotros nos gusta verles bien; el hecho de que nos guste, de que nos reporte satisfacción, da a entender que no sólo pensamos en ellos, sino que también nos importa nuestro propio estado de ánimo. La alegría de nuestros seres queridos se traduce en bienestar para nosotros mismos. Es natural, buscamos sentirnos bien constantemente, y si pudiésemos experimentar esa sensación estando mal aquellos a los que apreciamos, seríamos fríos o incluso egoístas... pero, en cierto modo, nosotros queremos que nuestros amigos y familiares sean felices para ser felices nosotros. ¿No sería también eso egoísmo?

Evidentemente, no pensamos en querer a los demás para nuestro propio beneficio. No somos seres completamente racionales que hagan un cálculo de costes y beneficios antes de emprender cualquier acción. Nuestros instintos nos preceden y no podemos controlarlos, por lo que no podemos elegir amar o no amar. Por todo esto y por nuestra tendencia a aumentar nuestro placer y reducir nuestro dolor, el egoísmo es algo que nos viene dado por naturaleza. Sin embargo, tiene una connotación muy negativa que nos viene dada por un modelo clásico de moral.

El egoísmo, ¿es "malo"? ¿es un defecto? A mi parecer, es simplemente un instinto cuyo efecto perjudicial reside sólo en su manifestación excesiva. Es decir, todos y cada uno de nosotros somos egoístas. Negar nuestro egoísmo sería negar una parte de nosotros con la que hemos de convivir. Pero dejar que el egoísmo conduzca todas nuestras acciones y justificar este hecho aludiendo a que es una actitud natural, no es nunca la solución. No pienso que haya que condenar el egoísmo y considerarlo un defecto a corregir mediante actitudes altruistas en ocasiones de carácter idílico, sino que debemos ser conscientes de que, aunque siempre nos acompañe como tantas otras emociones, nunca debemos llevarlo al extremo.

¿Y vosotros, qué pensáis del egoísmo?

(Gracias a Ángel, que nunca me deja comentarios y dice que soy una escritora críptica, por la conversación que inspiró esta entrada)

jueves, 15 de mayo de 2008

Miro (parte 1): Especialización


Especialización

A día de hoy, disponemos de medios que deberían ayudarnos a establecer una educación de calidad, una educación de la que estar orgullosos y que nos permitiera igualarnos a Europa (esa meta que nos fijamos para todo lo que hacemos); sin embargo, nos encontramos una y otra vez ante la misma situación: tenemos uno de los peores niveles educativos del continente. Se suceden las reformas educativas en un intento de que las aulas no se masifiquen de alumnos repetidores y lo único que se consigue es desorientar a los estudiantes, que no saben ya con cuántos suspensos pueden pasar de curso, si tienen que elegir itinerario desde la ESO o si cuando terminen la carrera van a tener una licenciatura o un grado.

Nuestros mayores nos hablan de sus tiempos, unos tiempos que parecen cada vez más lejanos debido a las enormes diferencias que tienen con la actualidad. ¡Cuántas veces habré oído decir que antes uno tenía que saber de todo! Al parecer, antes daba igual que fueses de letras o de ciencias, porque de las dos cosas tenías que saber, y si nos remontamos a la Antigüedad, encontramos que los grandes filósofos recibían una cuidada formación en todas las materias (no olvidemos que uno de los requisitos para entrar en la Academia de Platón era conocer las matemáticas). Todavía hoy premiamos a las figuras que, destacando en un campo concreto, tienen conocimientos de otras ciencias, lenguas y artes.

Pero aun así, nos encaminamos hacia la especialización. Cierto es que la división de tareas nos permite aumentar nuestra eficiencia en la realización de una actividad determinada, pero esto, llevado al extremo, da como resultado profesionales en áreas muy delimitadas que son completamente nulos en otras.

Que conste que no defiendo el aprendizaje de todas las materias por igual; de hecho, reconozco entre las ventajas de la especialización que me permita prestar más atención a ciertas asignaturas mientras que no vuelvo a ver otras que me parecen muy complicadas, y esto seguramente sea beneficioso para muchas otras personas que no se sienten capacitadas para aprender a desarrollar determinadas actividades. Pero sí pienso que se nos debería educar en todo a un nivel básico o incluso medio y no hacernos elegir un itinerario que determinará nuestros estudios superiores (si queremos seguir estudiando) ya en secundaria.

Y el problema no termina ahí. Se habla continuamente de la LOU y de las reformas de la misma, del Plan Bolonia... y, concretamente, se habla del paso de licenciaturas y diplomaturas a grados. Hay carreras que van a desaparecer, y los grados parecen ser la reducción de las mismas a una formación general en determinadas materias que deberíamos completar (nunca es obligatorio, pero sí muy recomendable si tenemos vistas a trabajar en lo que hemos estudiado) con un postgrado que nos permitirá especializarnos después de cuatro años (porque será la duración estándar de las carreras) de universidad. Sin hablar de la posible sustitución de becas por préstamos a devolver una vez hayamos terminado, que ese es otro tema que no viene al caso. En definitiva, dentro de unos años no bastará con estudiar una carrera, porque quienes más se especialicen, serán los que más posibilidades tengan de encontrar un trabajo con buenas condiciones.

Me vienen a la cabeza diversas preguntas sobre este tema, y en todas las respuestas pinta algo Don Dinero, del que bien decía Quevedo que era "poderoso caballero"; así que lanzo al aire esta otra:

¿Es símbolo de eficiencia ser erudito en un tema e ignorante en otros mil?