Como si fuera ayer.
Todos los años tengo la pequeña costumbre de escribir algo en este día. A veces lo publico y a veces no. De hecho, hace dos años, fue tan sólo una nota que quedó en mi agenda. No tengo necesidad de que nadie vea lo que siento, pero esta vez me apetece escribir un poco por aquí.
Cada año, lo que escribo es más breve, y no sé si más frío, pero siento que me quedo sin palabras, sin nada nuevo que decir. Siento que crezco con una herida en la memoria, la de aquel 11 de Marzo de 2004 en el que me desperté antes de mi costumbre, encendí el televisor y me encontré con aquel pánico traducido en un caos de imágenes que nadie podía explicar. Aquel día en el que sólo sabíamos que nos habían hecho daño, a unos más que a otros, pero realmente, a todos.
Aquel día grité y maldije, no podía comprender cómo había seres capaces de masacrar a la gente siendo totalmente consciente del horror que causaban. Al año siguiente, mi reflexión fue muy parecida. Pero año tras año me he ido concienciando de que tanto el terror como la esperanza seguirán existiendo.
Aun así, el recuerdo de aquel día sigue cercano... sigo sintiendo la misma inocencia rota. Supongo que de algún modo es buena señal. Porque lo sigo sintiendo por las personas que perdieron la vida injustamente, por todas las que mueren cada día sin merecerlo.
Por todas ellas, lo siento.
A quienes encuentren mi barco hundido...
"Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae."
(Drácula)
(Drácula)
viernes, 11 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
Miro (parte 10): Desinterés e ignorancia
(Imagen extraída de: http://www.fondosanimados.com/wallpapers/animales/primates/chimpances/ni_ver_ni_oir_ni_hablar/800x600_ni_ver_ni_oir_ni_hablar.jpg)
Desinterés e ignorancia.
"¿Qué es peor, la ignorancia o el desinterés?", me preguntó ayer mi prima de ocho años. Fue una de esas preguntas repentinas, fruto de una curiosidad inocente que se va abriendo paso. Sin dudar, le respondí que lo peor era el desinterés, porque la ignorancia se cura aprendiendo, pero si no quieres hacerlo, te quedarás sin saber por voluntad propia. Ella dio por respondida su pregunta y prosiguió su camino al colegio dando saltos, pero yo me quedé pensando en la pregunta tan buena que me había hecho y, como casi siempre, fui más allá de mis palabras.
A día de hoy somos muy intolerantes con la ignorancia. Tachamos de ignorante al que consideramos que no sabe de lo que habla, y con una facilidad pasmosa además. Consideramos que el ignorante es culpable de su propia ignorancia, pues vivimos en un mundo en el que la información está al alcance de todos. Permitidme discrepar, pero yo no creo que vivamos en este pseudosueño americano. Desde que nacemos, partimos con oportunidades muy diferentes que condicionarán, entre otras cosas, el tiempo que podremos dedicar al aprendizaje y las cosas que aprenderemos. También condicionarán el nivel de importancia que daremos a la obtención de según qué conocimientos. Estoy segura de que muchas personas querrían saber muchísimo más de lo que les es posible conocer.
Por otra parte... qué mala costumbre esa de creernos tan cultos en tantas cosas y por ello con tan buen juicio para determinar quién es el ignorante.
Sin embargo, no estoy diciendo que la ignorancia provenga únicamente de nuestras circunstancias adscritas. Nuestro desarrollo como individuos a partir de dichas circunstancias tiene mucho que ver. Una persona que desee aprender y que disponga de medios, adquirirá más conocimientos; sin embargo, aquella que carezca de interés por esto, se quedará estancada. Aquí es donde se manifiesta la estrecha relación entre desinterés e ignorancia, pues está muy claro que quien no quiera aprender, no lo va a hacer, y aquí es donde se genera un individuo al que seguramente tacharemos de ignorante con el tono más despectivo del mundo.
Total, ¿para qué vamos a preguntarnos de dónde viene tanto desinterés, que es la raíz de lo que tomamos por un problema? ¿Para qué vamos a buscar las causas de algo que parece molestarnos tanto?
Pero al igual que el desinterés produce ignorancia, la misma ignorancia produce desinterés. Porque si quiero aprender pero lo veo difícil, si aprender me cuesta muchísimo (porque me falta tiempo, o porque siento que mi cabeza no da para más) acabaré tan cansado que lo terminaré dejando. Me desmotivaré y decidiré seguir por otro camino. Y seguramente, aun así me culpen de mi desconocimiento.
De una u otra forma, ciertamente, mantenerse o no en la ignorancia es una decisión "propia" en aquellos casos en los que existen medios al alcance de la persona en cuestión. Porque una cosa es que los medios estén ahí para la mayoría, y otra muy distinta, que uno esté entre los individuos que pueden servirse de ellos. Por ello no es justo culpar al ignorante que no tiene acceso a estos medios.
Otra puntualización que creo conveniente hacer es que, cuando hablo de ignorancia, no me refiero sólo a ámbitos académicos y/o culturales. Ignorar los problemas sociales actuales es muy dañino, y esta ignorancia suele venir causada por un profundo desinterés; aunque también, la frustración por no poder ayudar hace que optemos por evadirnos. Puede que por este tipo de ignorancia no nos culpen tanto. Tal vez porque todos lo hacemos y las cosas son más sencillas así.
Pero también ignoramos los problemas personales de personas más cercanas a nosotros que aquellos que sufren en lugares que no vemos diariamente. Personas a las que ni siquiera nos acercamos para preguntarles cómo se encuentran y damos por hecho que no tenemos comunicación con ellas.
En fin. La verdad es que me resulta curioso ver cómo una pregunta tan sencilla me hizo pensar tanto; aunque, la verdad, no sé de qué me extraño. Cuando tenía más o menos la edad de mi prima, cayó en mis manos el cuento de "San Jorge y el dragón", que me dejó una frase grabada a fuego: "en este lugar hay pena y miedo, los niños no juegan en la calle". El hecho de que un viajero solitario llegara a un lugar en el que las gentes se escondían en sus casas, se detuviera para preguntarse por qué ocurría aquello y decidiera hacer algo para ayudar en lugar de seguir su camino con indiferencia, me llamó la atención sobremanera.
Si seguimos vagando sin interesarnos por conocer y comprender, nunca acabaremos con la ignorancia.
martes, 8 de marzo de 2011
Observo (parte 9): Indignación es poco
(Imagen extraída de: http://www.madrid.es/UnidadWeb/Contenidos/EspecialInformativo/MedioAmbiente/Agua/RioManzanares/RioManzanares.jpg)
Indignación es poco.
A finales de Febrero tuve noticia de la desaparición de un estudiante norteamericano, Austin T. Bice, que se encontraba en Madrid. Los grupos de búsqueda de apoyos para encontrarle proliferaron y el mensaje pasó por las redes sociales, pero desgraciadamente, hoy hemos tenido noticia de que su cuerpo ha sido encontrado en el río Manzanares. No conocí al tal Austin, pero no me hace falta para que saber de su muerte me parezca una verdadera pena.
En cuanto supe de los hechos y ya que tenía Internet a mano, eché un vistazo a las webs de periódicos de tirada nacional para informarme un poco más sobre cómo había sido, y cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con que en uno de ellos, la mayoría de los lectores dejaban comentarios realmente insultantes. En cuanto leí eso me llené de malos sentimientos. Es cierto que no podemos sentir la muerte de toda persona en este mundo con la misma intensidad, pero creo que deberíamos tener un mínimo de respeto. Mofarse del fallecimiento de alguien y dejar esos comentarios tan carentes de empatía me parece vomitivo. A esos imbéciles (por llamarles algo suave) que hacen de la muerte de este chaval un chiste, les diría que ojalá no tengan que lamentar nunca la pérdida de un ser querido. No sé si prefiero pensar que la gente hace esos comentarios sin darse cuenta de lo que realmente significan, porque alguien que se burla de algo así siendo perfectamente consciente de la intención de sus palabras, confirma mi visión de la naturaleza humana (y a veces no queremos tener razón).
Indignación es poco para describir lo que he sentido al leer sus comentarios. Vergüenza, asco y desprecio tal vez sean calificativos más acertados.
P.D.- tal vez una entrada sobre el Día de la Mujer Trabajadora fuese más adecuada para el día de hoy, pero hoy tendré que dejar en manos de otros una reflexión sobre ello.
lunes, 28 de febrero de 2011
Miro (parte 9): "Yo te nombro, Libertad"
Esta vez no hay imagen que ilustre mi entrada, porque no hay imagen que me evoque algo como es la libertad. Algo que he procurado entender desde que era una pequeña y precoz lectora, y veía que en páginas de muchos libros distintos se hablaba de ella; y, aun sin comprenderla, pensaba que la libertad debía ser algo muy importante. En el colegio me explicarían que la libertad es indispensable para el ser humano, pero la Historia me mostraba que las civilizaciones se habían expandido pasando por encima de ella, y sepultándola bajo los monumentos a sus líderes. Y no podía entender cómo las mismas personas que necesitan ser libres, son capaces de destruir los derechos de sus compañeros. Supongo que aquel descubrimiento sería el responsable de mi paulatina pérdida de confianza en la humanidad, pero en esos momentos era todavía inocente y preguntaba constantemente el porqué de todo.
Libertad... cuántos han tratado de definirte, y yo misma intento analizarte, convertirte en un concepto más sencillo con el que poder explicar cómo pienso que eres para poder dar respuesta a mis propias preguntas y a las que otros tantos me hacen en su afán de comprender por qué siempre estás tan presente en mi corazón. Cuántos hombres y mujeres han luchado y han muerto para preservarte, cuántos te han llorado cuando fuiste arrancada de sus vidas mutiladas. Cuántos tratan de asfixiarte, de violarte, en estos tiempos en los que el respeto mengua e incluso la más pequeña decisión puede condicionar tu destino. A ti, que eres parte de mí y de todos aquellos con los que comparto la condición humana. A ti, que me permites decir lo que pienso sin temor a que me conviertan en leña para una hoguera de silencio. A ti, que nos traes lágrimas de felicidad cuando te sentimos. Tantos te han cantado y ojalá te sigan cantando por muchos años, con tristeza cuando estés lejos y con alegría cuando nos rodees. Ojalá nunca dejemos de gritar tu nombre, de tratar de comprenderte y de intentar que quienes te niegan, te permitan existir.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Observo (parte 8): Menos mal
(Imagen extraída de: http://nabaizaleokberriak.files.wordpress.com/2010/02/23-f-tejero.jpg)
Hace poco se acabó el 23-F, día siempre plagado de comentarios por los acontecimientos que marcaron para siempre la Historia española. El relato es bien conocido, y de no ser por la actuación de una serie de personajes fundamentales, probablemente el golpe del señor Tejero habría sido llevado a cabo con éxito. Sinceramente, no me quiero imaginar cómo habrían sido las cosas si eso hubiera llegado a ocurrir. Sé que habría dado lugar a una realidad que no me habría gustado, y cuyas consecuencias seguirían haciéndose notar hoy en día, en el supuesto de que un contragolpe hubiese logrado desbancar a los militares del poder.
No me gusta hablar de política porque considero que la mayoría de la gente (al menos, de la que yo conozco) es incapaz de mantener un diálogo abierto sobre el tema. Comprendo que cada cual tenga sus preferencias e incluso que se sienta plenamente identificado con una ideología en concreto, pero unos y otros terminamos tirándonos los trastos a la cabeza cuando sería más sencillo documentarnos y poder analizarlo intentando distanciarnos de nuestros propios prejuicios. Y sé que más de uno me dirá que para qué. Total, es algo que quita mucho tiempo. Bien, pues entonces centrémonos simplemente en escuchar los argumentos de la persona con la que estamos hablando, que los nuestros nos los sabemos muy bien. Nada. Al final todo deriva en una discusión sin fin. Y aunque no negaré que me gusta defender mis opiniones y conocer las de otros, hay momentos en los que me siento demasiado cansada para enzarzarme en una pelea de gallos.
Sin embargo, reconozco abiertamente que no me gustaría vivir en una sociedad gobernada por un poder conservador. Reconozco que la gestión del actual gobierno socialista dista mucho de cumplir con los idílicos principios izquierdistas tan ampliamente divulgados, pero por muchas quejas que tengamos al respecto, el grado de libertad del que gozamos era inimaginable en tiempos de Franco. Una libertad la nuestra que se ve coartada por ciertas medidas contradictorias de las que no procede hablar ahora, pero que me permite estar escribiendo esto ahora mismo.
Para mí el 23-F es un día más del año ya que no viví aquel suceso, pero puedo alegrarme de que las cosas le salieran mal al señor Tejero. Y menos mal.
lunes, 14 de febrero de 2011
Miro (parte 8): Rebuznando
(Imagen extraída de: http://www.madrimasd.org/blogs/universo/wp-content/blogs.dir/42/files/371/forges-y-los-blogs-fuente-inquietudes-en-primaria.gif)
A estas alturas, me parece un poco ridículo felicitaros el nuevo año porque lo tenemos más que estrenado. Llevo intentando actualizar esto desde el mes pasado, pero entre unas cosas y otras, no he sido capaz. No me ha faltado ocasión, y ha habido cantidad de temas que comentar, esos que tenemos hasta en la sopa y a los que yo también presto atención, porque aunque en ocasiones me gustaría retirarme a mi barco hundido y olvidar cuanto sucede en tierra, suelo estar informada. Por ello estoy al tanto de la situación en Egipto, como lo está David Bisbal, a quien tanto se critica por ciertos comentarios vertidos en twitter, pero al margen de lo que opine el muchacho, lo que me parece penoso es que se hable de él casi tanto como de un hecho social; pero esto debe ser cosa mía, porque soy un poco tiquismiquis y todavía me molesta que los informativos se abran con las polémicas futbolísticas y después me cuenten dónde hay bombardeos. Aunque, la verdad, no sé de qué me extraño. Si ZP y Rajoy pueden jugar al tenis utilizando como pelota la esperanza de los ciudadanos, ¿por qué no puede Cristiano Ronaldo ser el primero en hablar?
Mientras tanto, Belén Esteban sigue siendo uno de los máximos líderes de opinión y por ello se la escucha más que al señor Eduard Punset, ya que parece ser que la coronada por la sociedad española como "princesa del pueblo" se hace oír con más fuerza. No es de extrañar, porque arrabalera es un rato, pero como ella hay todo un circo de personajes que viven del cuento y de nuestro aburrimiento. Tal vez si tuviésemos más inquietudes, dedicaríamos más tiempo a tratar de aprender en lugar de seguir manteniendo a individuos que se convierten en auténticos iconos sólo por dar una imagen vergonzosa que nosotros no querríamos dar. Sinceramente, no sé cómo la Ministra de Cultura, la famosísima señora Sinde, permite esto y no toma ningún tipo de medida, mientras centra sus esfuerzos en censurar el uso de Internet, cuando debería ser considerado una herramienta para ampliar nuestro conocimiento y disfrutar de contenidos a los que no tenemos fácil acceso por otros medios debido a la también conocida crisis, esa en la que políticos y empresarios se escudan para justificar ciertas medidas, pero que parece no existir en otros contextos.
Por estas cosas y muchas otras rebuznamos en casa, en el trabajo, con los amigos... da igual con quien, el caso es que nos ponemos como energúmenos y defendemos nuestras quejas. Las defendemos a gritos, pagándolo con cualquiera, pero no movemos ni un dedo. ¿Por qué? Porque no sabemos cómo hacerlo o porque tenemos otras prioridades en la vida. Porque no se cumple la afirmación de Karl Marx de que "el pueblo tiene más necesidad de respeto que de pan". Pero también porque nos hacemos esa pregunta mágica, ese "¿y para qué?" que nos quita las ganas de todo. ¿Para qué vamos a intentar organizarnos? Podemos montar grandes quedadas, pero más allá de eso no tenemos iniciativa. Parece ser que las únicas grandes motivaciones que tenemos para movilizarnos son los macrobotellones o poder fumar en sitios cerrados. Así que nada, a seguir rebuznando.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Observo (parte 7): Niñita antisistema
(Imagen extraída de: http://www.foroswebgratis.com/imagenes_foros/2/1/8/2/2/636164punk-tinkerbell.jpg)
Entra pegando un portazo, como si esperara que con eso se sepa que ha llegado ella. Nunca viene sola. ¿Ganas de ir por libre? ¿Miedo a encararse con el personal sin nadie en quien apoyarse? Por sus andares y su mirada de "voy a comerme el mundo después de darte una paliza", yo diría que más bien necesita a alguien que aplauda su actuación. Llega al mostrador y, aunque la oficina está vacía, habla a voz en grito. Parece ser que el palestino y el pelo rapado le confieren autoridad más que suficiente para ello. Su amiga no se queda corta. Una de tantas niñas de papá que quieren dar la nota y que se visten de punkis porque está de moda, o lo intentan, porque si un auténtico punk la viera, se sentiría insultado. Una de tantas maleducadas que gritan mucho y dicen poco, tratando de imitar una jerga que no tienen ni tendrán. Eso sí, que bien se le da emplear el adjetivo "puta" para calificar absolutamente todo lo que le rodea.
Sí, señores, nos encontramos ante el prototipo de niñita que va de antisistema. Seguramente muchos de ustedes se hayan topado con personajes como estos. Se trata de individuos que, en su búsqueda de identidad, adaptan los estilos característicos de los grupos antisistema a la moda del momento, se aprenden unas cuantas frases tipo "esto es una puta mierda", "nos tienen puteados", "tenemos que luchar por nuestros derechos", "esto es una injusticia" y se hacen seguidores de unos cuantos iconos clásicos de la lucha revolucionaria y de un par de grupos de punk. Todo de la noche a la mañana, con lo cual, demuestran una gran capacidad para adquirir conocimientos. También demuestran una gran hipocresía al gritar que no se respetan sus derechos cuando ellos son los primeros en no respetar a nadie, pues en su afán por dejar patente lo guerreros que son, aprovechan la más mínima oportunidad que se les presente para reinvindicar algo, y lo hacen a voces, con insultos y desprecio. Sobre todo lo último.
Si se diera el caso de que estos individuos tuviesen edades comprendidas entre los 16 y los 18 años, su actitud sería en cierto modo comprensible, pero parece ser que la franja de edad se amplía hasta los 25. Sin duda, un dato desesperanzador, porque se trata de criaturas bastante abundantes que están destrozando el legado de quienes lucharon por verdaderos cambios sociales. Un legado que hoy día tiene seguidores, personas que creen en lo que se hizo y tratan de continuar con esa lucha pese a los intentos del sistema de poner en venta sus ideales. Personas que forman parte de una especie en peligro de extinción.
Niñita antisistema, ¿qué sabremos tú y yo de injusticia, si podemos gritar a los cuatro vientos lo que pensamos sin que nos castiguen por ello?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
