(Imagen extraída de: http://nabaizaleokberriak.files.wordpress.com/2010/02/23-f-tejero.jpg)
Hace poco se acabó el 23-F, día siempre plagado de comentarios por los acontecimientos que marcaron para siempre la Historia española. El relato es bien conocido, y de no ser por la actuación de una serie de personajes fundamentales, probablemente el golpe del señor Tejero habría sido llevado a cabo con éxito. Sinceramente, no me quiero imaginar cómo habrían sido las cosas si eso hubiera llegado a ocurrir. Sé que habría dado lugar a una realidad que no me habría gustado, y cuyas consecuencias seguirían haciéndose notar hoy en día, en el supuesto de que un contragolpe hubiese logrado desbancar a los militares del poder.
No me gusta hablar de política porque considero que la mayoría de la gente (al menos, de la que yo conozco) es incapaz de mantener un diálogo abierto sobre el tema. Comprendo que cada cual tenga sus preferencias e incluso que se sienta plenamente identificado con una ideología en concreto, pero unos y otros terminamos tirándonos los trastos a la cabeza cuando sería más sencillo documentarnos y poder analizarlo intentando distanciarnos de nuestros propios prejuicios. Y sé que más de uno me dirá que para qué. Total, es algo que quita mucho tiempo. Bien, pues entonces centrémonos simplemente en escuchar los argumentos de la persona con la que estamos hablando, que los nuestros nos los sabemos muy bien. Nada. Al final todo deriva en una discusión sin fin. Y aunque no negaré que me gusta defender mis opiniones y conocer las de otros, hay momentos en los que me siento demasiado cansada para enzarzarme en una pelea de gallos.
Sin embargo, reconozco abiertamente que no me gustaría vivir en una sociedad gobernada por un poder conservador. Reconozco que la gestión del actual gobierno socialista dista mucho de cumplir con los idílicos principios izquierdistas tan ampliamente divulgados, pero por muchas quejas que tengamos al respecto, el grado de libertad del que gozamos era inimaginable en tiempos de Franco. Una libertad la nuestra que se ve coartada por ciertas medidas contradictorias de las que no procede hablar ahora, pero que me permite estar escribiendo esto ahora mismo.
Para mí el 23-F es un día más del año ya que no viví aquel suceso, pero puedo alegrarme de que las cosas le salieran mal al señor Tejero. Y menos mal.


